Aire que se perfumó en el monte

Interacciones fallidas con un chico que me gusta. Parte II

- Él es Guido. Su característica especial es que siempre se queda mirándote a los ojos - me dijo señalando a uno de su grupito.
Maldije mi debilidad hacia los de su especie. ¿En qué contexto es necesaria esa introducción para presentarme a su amigo? Me visualicé intentando interponerme en el noviazgo entre él y su bicicleta, siempre más monógamos que yo. Entendí que era otro intelectual con pinta de prócer, gustoso de entreverar refranes y misticismos a sus sentencias cotidianas. Creí verlo todo en una oración. Acepté que mi experiencia anterior fue un outlier, valor atípico en la distribución de mis amores. Comprendí que volvería una y otra vez a esta clase de chirusos, adeptos a la democracia pero críticos de la idea de ciencia neutral.
- Parece poca cosa, pero si te ponés a pensar, nosotros no nos miramos a los ojos en toda la noche. - me desafió el muy atrevido, 2 años menor. Su cachetada me bajó instantáneamente de mis escaloncitos imaginarios. De repente la chirusa era yo. Su propuesta hubiese pasado por ingenua en otra circunstancia, pero en esta calificaba de indecente. Se reía despiadadamente de la supuesta impertinencia de su aclaración inicial. Mientras recordaba mis minutos previos, llenos de preocupación por tener que acercarme a él estando sobria, me hundí. No miento. Un pozo se abrió en la tierra y me hundí. Ahí estaba yo, metros abajo del nivel de la vereda, con un par de ojos lujuriosos a la espera de encontrarse con los míos. Sospechaba desde antes que los más chicos andaban en algo raro, y ahora lo corroboraba en medio de tremenda obscenidad. No nos habíamos besado. Apenas había llegado a fantasear la humedad del momento, y él ya con éstas pretensiones que a mí me llevaban directo al infierno. Lo pensé por un momento. Aventurarme en el erotismo de sus pupilas. Titubeé. La imprudencia me ganó. No dudé más. Aunque me costase mi pasaje al cielo. Me disculpé telepáticamente con mi abuela por esto. Dispuesta a entregar mi pureza en una sola jugada, tomé coraje y lo miré.

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